Buenos Aires, 22 de enero de 2021

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"El baile"

 

 

Título_ “El baile”. Título original: The prom”,, USA 2020, hablada en inglés. con subtítulos en español. Realización:  Ryan Murphy- Guión: Bob Martin, Chad Beguelin, basado en el musical de  Chad Beguelin, Bob Martin, Matthew Sklar.Producción: Adam Ander, Dori Berinstein, Bill Damaschke, Alexis Martin Woodall,  Ryan Murphy.Fotografía: .Matthew Libatique. Música:  David Klotz, Matthew Sklar. Casting;  Alexa L. Fogel. Diseño de producción:: Jamie Walker McCall. Supervisión de dirección de arte: Tom Frohling. Escenografía:  Gene Serdena. Diseño de vestuario: Lou Eyrich. Supervisión de edición de sonido: David Giammarco. Supervisión de efectos visuales: Zachary Goodson. Coordinación de dobles: Mary Albee. Compaginación:  Peggy Tachdjian, Danielle Wang Intérpretes:  Meryl Streep (Dee Dee Allen), James Corden (Barry Glcikman), Nicole Kidman (Angie Dickinson), Kerry Washington (Mrs. Greene), Keegan-Michael Key 0Tom Hawkins), Andrew Rannells (Trent Oliver), Ariana DeBose (Alyssa Greene), Jo Ellen Pellman (Emma Nolan), Tracey Ullman (Vera),  Estreno en la Argentina: 11 de diciembre de 2020.  Presentado por Netflix. Género: Comedia musical. Duración: 130 minutos., sin calificación. Disponible en la plataform,a Netflix

 

 

 

De llenos metidos en la temporada de estrenos y con las reglas del Oscar más claras y flexibles que nunca (recordemos que la entrega del premio máximo que se otorga en USA se postergó para abril de 2021), las plataformas de streaming andan estrenando a troche y moche todo lo que les queda en el frasco.

“El baile” (a años luz y absolutamente nada que ver con el clásico de Ettore Scola, 1983) llega en temporada navideña para agregarle algo al género musical o, mejor dicho, para apilarse en el largo catálogo de productos olvidables. Los habitués a las series probablemente ya tengan más a mano el nombre de Ryan Murphy. El director, guionista y supervisor musical es el responsable de los dos fracasos televisivos del año: “Hollywood”  y “Ratched”. Quienes quieran buscarlo en el ámbito del cine deberán irse hasta 2010 cuando estrenó “Comer, amar, rezar”.

El hombre transpira cultura pop en su estética. No importa si le conviene o no al producto que está filmando, todo debe lucir vintage, de colores pasteles con los cuales se trabaja una extraña profundidad de campo, maquillaje perfecto de base pastosa para los actores y de mejillas sonrosadas y rouge bien rojo para las mujeres. Peinados impolutos, vestuario colorinche (sea en la época que sea) y un registro de personajes bien separados de cualquier atisbo de realidad. Como si todo este universo hubiese salido de una misxtura ente la historieta Archie con la misma calidad de diálogos y profundidad. Una vez, a lo mejor sorprende y provoca alguna sonrisa. Cuando se sistematiza aburre y para peor, todo ese conjunto kitch está peligrosamente cercano a banalizar las temáticas de segregación o de discriminación y falta de inclusión como es el caso de este estreno.

Es cierto, es una comedia musical, pero no por eso debería ser poco profunda. Emma (Jo Ellen Pellman) vive en un pueblo en el Estado de Indiana, cursa el último año de secundaria y el tradicional baile de promoción, que se prepara cada año en cada rincón de USA, m está en la cuerda floja ya que la señora Greene (Kerry Washington), coordinadora de reunión de padres de ese colegio secundario, exhorta a todos para evitar incluir a Emma que solo desea ir con su novia, de quien por supuesto está enamorada.

Quienes se van a oponer a semejante atropello, además del consejero escolar (Keegan-Michael Key), es principalmente un trío de estrellas de Broadway venidas a menos debido a las despiadadas críticas que reciben al momento del estreno de un musical sobre el matrimonio Roosevelt. Así, Barry (James Corden), Dee Dee (Meryl Streep) y Angie (Nicole Kidman), necesitados de hacer algo popular y trascendente que haga olvidar las críticas y los mantenga vigentes en la opinión pública, van tras el falso objetivo de reivindicar los derechos de Emma a no ser discriminada. Claro, contado así, hasta da esperanzas interesantes sobre el desarrollo de ambas ideas,. o sea  la hipocresía de las celebridades y la falta de tolerancia, incomprensión e inclusión todavía vigentes en la sociedad.

El problema no es el qué, sino el cómo. Los guionistas Bob Martin y Chad Beguelin, inspirados en una idea de Jack Viertel (otrora productor del gran musical “Smokey Joe’s Café”),  no terminan de dejar claro qué es lo que quieren contar y por momentos la trama (incluidas las canciones) abandona el peso específico de la temática inclusiva, y la banaliza al mismo nivel que el propio realizador hizo con la figura de Rock Hudson y la homosexualidad en la serie mencionada anteriormente.

Cuando el argumento se centra en la superficialidad de las estrellas de teatro, el musical brilla con un contenido ácido que hace de las letras y coreografías una sublimación del arquetipo de la vanidad. Ahí la cosa funciona y tiene fuerza crítica e interpretativa. Por el contario, cuando la trama rebota hacia la figura de Emma y su problemática todo tiene características de chicle Bazooka (o Adams, elija el que quiera): tiene gusto al principio nomás. Luego pierde sabor, frescura y se estira demasiado. 

Al director, oriundo de Indiana y miembro de la comunidad LGTBQ, se lo nota catártico desde la primera canción que despotrica contra el Estado de Indiana y su propensión a la discriminación. Tal es así que la inquietud sobre semejante saña conspira contra la universalidad de esta problemática. ¿Toda la gente de Indiana es discriminadora? Y por carácter transitivo, el resto de USA, omitido en la letra de esa canción, ¿es inclusivo? Luego vienen las otras preguntas. ¿El dolor de la discriminación se canta con alegría y juegos de luces? Hay una falta de contraste notable entre los temas a abordar porque “El baile” pone todo dentro de la misma bolsa y el discurso pasa una línea que termina por rebotarlo contra la propuesta general. Es como manejar una resortera pero con la piedra apuntando hacia la cara.

Desde lo estrictamente musical en tanto género; la producción despliega todo lo que Hollywood sabe hacer bien. Buen despliegue de cámara y montaje, coreografías trabajadas al dedillo y de notable factura, y sobre todo glamour, luces y buenos bailarines que dejan todo. Meryl Streep, que todo lo hace bien, defiende su personaje tirando todo lo que sabe en el set, incluso el oficio de saber que cuando le vayan a doblar la voz, perfilar la cabeza ayudará a darle carne a la voz que lo haga. Es genial ver ese tipo de artilugios que sólo se aprende con años de oficio, ahora bien: ¿Sirve para el personaje?. Porque a medida que avanza el relato, la pantomima deja de ser tal y se convierte en una autoparodia bastante burda. Nicole Kidman tiene sus altos y bajos. Cuando los guionistas se acuerdan que escribieron ese personaje y lo vuelven a poner en plano se la puede ver intentar hacer algo más o menos interesante y James Corden ya está recibido hace rato de Nathan Lane pero le pone su impronta.

“El baile! tiene con qué pelear algún premio en edición de sonido y alguna canción. No puede pasar de eso. El entretenimiento per sé funciona de a ratos. Si el espectador está dispuesto a conceder todo, dele play nomás.

 

 

Calificación: Regular (Guillo Teg)

 

 

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