Buenos Aires, 22 de enero de 2021

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"Mank"

 

 

Título: “Mank”. Titulo original: Idem, USA  2020, hablada en inglés, alemán, latín, con subtítulos en español. Realización: David Fincher. Guión: Jack Finche. Producción: Ceán Chaffin, Andrea McKee, Eric Roth, Douglas Urbanski. Fotografía: Erik Messerschmidt. Música: Trent Reznor, Atticus Ross. Casting: Laray Mayfield. Diseño de producción:  Donald  Graham Burt. Supervisión de dirección de arte: Dan Webster Escenografía: Jan Pascale. Diseño de vestuario: Trish Summerville. Diseño y supervisión de edición de sonido:  Ren Klyce. Efectos especiales: John C. Carlucci Supervisión de efectos visuales: Simon Carr, Pablo Helmann, Yabin  Morales, James Pastorinus. Coordinación de dobles; Zack Duhame, Miuckey Giacomazzi. Compaginación: Kirk Baxter. Intérpretes: Gary Oldman (Herman Mankiewicz),  Amanda Seyfried (Marion Davies), Lily Collins (Rita Alexander), Tom Pelphrey (Joseph Mankiewicz), Arliss Howard (Louis B. Mayer), Tuppence Middleton (Sara Mankiewicz),  Monika Gossmann (Fräulein Frieda), Joseph Cross (Charles Lederer), Sam Troughton (John Houseman), Toby Leonard Moore, (David O. Selznick),Tom Burke (Orson Welles), Charles Dance (William Randolph Hearst), Estreno en la Argentina:  04 de diciembre de 2020,presentado por Nteflix. Género: Drama.  Duración 131 minutos, sin calificación. Disponible en plataforma Netflix.

 

 

 

Ya no va a importar que estemos frente a un estreno que, de mantener la Academia de Hollywood las reglas como están para la próxima entrega, no debería tener menos de nueve nominaciones, porque todos los rubros en ésta producción son una obra de arte en sí mismas y van a sobresalir en el tiempo. 

“Mank” es ante todo una declaración de amor al cine, a la historia norteamericana, y en definitiva a esa usina de sueños que fue Hollywood en el más romántico de los términos. De hecho; si conceptualmente, “Había una vez en Hollywood “ (2019) lo era a los años ‘60',  éste estreno lo es a los ’30 y los ‘40'. Tal vez por eso ambas producciones tienen algo del sello de sus directores, pero están claramente en una estantería distinta de su filmografía. Como sea, Quentin Tarantino y David Fincher han hecho un sentido, precioso y justificado homenaje al mundillo que les ha abierto la puerta para ser quienes son hoy: dos de los mejores artesanos contemporáneos que tiene el cine estadounidense.

Pero vayamos al grano. “Mank” es una suerte de reconstrucción histórica (en su puesta) e intelectual (en su texto) de cómo los acontecimientos a lo largo de unos ocho, nueve años, derivaron en la escritura del guión de “El ciudadano” (1941) ,  acaso una de las obras más importantes del cine que lo excedió tanto que hoy es objeto de estudio, no sólo en la escuela secundaria sino también en carreras como sociología, arquitectura, derecho y periodismo.  

Orson Welles (Tom Burke) está ya ubicado como joven prodigio del teatro y la radio a quién le dan carta libre para hacer la película que se le cante, con el presupuesto y el argumento de su antojo. En ese contexto le encarga a Herman Manckiewicz (Gary Oldman) la escritura del guión a filmar. Con total libertad, pero también con una cuenta regresiva de noventa días, que luego se iría achicando, Herman llega a un rancho (se usó el mismo de aquella época como locación), con la pierna enyesada y  acompañado por dos personas ,fundamentalmente. Rita (Lily Collins) que tiene a su esposo en la guerra,  y aquí viene a ser como una suerte de ama de llaves, y John Houseman (Sam Troughton), supervisor del Teatro Mercurio; ambos a cargo de mantener al escritor alejado del alcohol.

El propio Welles le arma una suerte de trampa al hacerle llegar una caja de botellas de whisky, que en realidad tienen una especie de somnífero. Herman, quien hasta entonces seguía siendo un respetado y prolífico guionista que venía del cine mudo, comienza su trabajo bajo promesas de toda índole, pero sobre todo, en ese lugar de confinamiento para protegerse de sí mismo, empezando a atar los cabos del pasado reciente. En este sentido, tanto “El ciudadano” como Mank, arrancan su desarrollo de la misma forma. Una va al pasado cronológico para reconstruir la vida de Kane buscando el significado de su última palabra. La otra va al pasado cronológico de los primeros años post Gran Depresión para rescatar el pensamiento político-social y la relación personal con el entorno de Mankiewicz. Como si fuese un viaje a la génesis discursiva que el clásico ostenta.  En ese pasado, guionado metafìsicamente en la pantalla con letras de máquina de escribir que indican año, locación y flashback, el hombre recorre sets, oficinas, estudios, cena con gente del ambiente y opina desde su lugar de ebrio testigo de la extravagancia que remite (sin los silencios, claro) a ese Marcello inolvidable de “La dolce vita” (1960). Observadores de la decadencia (la propia y la ajena), pero a la vez protagonistas de la misma.

Las idas y vueltas del guión (escrito hace años por Jack Fincher, padre de del director) irán haciendo progresar el pasado y el presente para conformar una lógica narrativa que por supuesto tendrá su momento cúlminante cuando lo vivido por el escritor se hace carne en Kane, en especial en su aspecto crítico de la política  local e internacional por lo cual, demás está decir, que las personas que lo rodean pasan a ser piezas del engranaje creativo.

Así las presencias de Ivin Thalberg (Ferdinand Kingsley); Sara, la esposa de Herman (Tuppence Middelton); Louie B. Mayer (Arliss Howard), David O. Selznick (Toby Leonard Moore) o la gran Marion Davies (Amanda Seyfried), a las que se suma otro pilar como Joseph Mankiewicz (Tom Pelphrey), aportan un entorno sobre el cual la complicada personalidad del protagonista se apoya en todo sentido. Claramente el magnate de los medios de aquella época William Randolph Hearst (Charles Dance), aún con menos presencia, es también un eje central y protagonista de una de las escenas más logradas a nivel puesta e interpretación: la de la cena en la mansión Hearst en la cual Herman irrumpe borracho con una diatriba catártica 

Más allá del argumento, que lógicamente quienes tengan muy presente el clásico disfrutarán mucho más, ·Mank” es un prodigio artístico en los otros aspectos. Para empezar Erik Messerschmidt, el director de fotografía, hizo debutar la cámara "RED Monstrochrome" que filma directamente sin saturación, es decir filma en blanco y negro con lo cual  no hay influencia del color para componer los planos por monitor. “Mank  está sentida, pensada y diseñada para blanco y negro. Por otro lado el equipo de sonido, supervisado por Jeremy Molod,  trabajó directamente en un sistema analógico, previo al sonido estereofónico de la época, es decir  sonido ambiente, música, efectos sonoros y diálogos van todos en una misma pista de sonido.

Todo en esta producción está minuciosamente trabajado para prácticamente realizar un verdadero viaje al pasado,  al punto tal que, salvo por unas pocas cuestiones de registro actoral y granulado visual, se puede ver tranquilamente esta película y a continuación el clásico como si perteneciesen al mismo período.

El elenco brilla bajo la estrella de Gary Oldman , quien entrega otro trabajo quirúrgico en el cual toma varios riesgos que se notarían  como sobreactuados  sino fuese por el apoyo gestual de +un elenco que ayuda a darle credibilidad a una actuación compleja. Sin dudas uno de los puntos altos de esta propuesta junto con el de Arliss Howard (aquel de apodo "cowboy" en “Nacido para matar” (1987) de Stanley Kubrick) como Louis B. Mayer,  y el de Charles Dance a quien le alcanzan tres tomas para hacer sentir su presencia contundente (de nuevo, la escena en su mansión).

En tantas rupturas coincidentes de paradigmas  a David Fincher le pasó lo mismo que a Orson Welles en tiempo de  “El  ciudadano”, vino Netflix con el mismo discurso de la RKO: "hacé lo que quieras, con quien quieras, y sobre el tema que quieras".  Es cierto:  “Mank” le debe todo lo que es a su fuente original, pero había que estar a la altura de eso y este estreno lo logra con creces.

 De lo mejor de este atribulado 2020, que por cierto no fue mucho. En el que será claramente el año de Netflix en la próxima temporada de Oscars, la de David Fincher tiene casi todos los números comprados.

 

 

Calificación: Muy buena (Guillo Teg)

 

 

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"El rincón del cinéfilo", fundado el 2 de junio de 2007 por Leonardo Colaneri, Jorge Grez L., Andrés N. Martín y Andrés B. Pohrebny, es una producción del Primer taller para el espectador cinematográfico (I.G. No 000617).

 

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