Buenos Aires, 04 de diciembre de 2020

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"Operación feliz navidad"

 

 

Título: “Operación feliz navidad”, Título original:  “Operation christmas drop”, USA 2020, hablada en inglés, con subtítulos en español. Realización: Martin Wood. Guión: Gregg Rossen, Brian Sawyer Producción: Brad Krevoy. Steven R. McGlothen Fotografía: Sin datos. Música: Hamish Thomson. .Supervisión musical: Natasha Duprey Diseño de producción: Tony Devenyi. Dirección de arte:  Camille Quinton. Escenografía: Stephanie Falcos, George Neuman. Diseño de vestuario: Glenne Campbell Sonido: Sin datos. Efectos visuales: Paddy Kelly- Compaginación: Sin datos.  Intérpretes: Kat Graham (Erica), Alexander Ludwig (Andrew), Trezzo Mahoro (Joker), Bethany Brown (Sunshine), Rohan Campbell (Travis), Aliza Vellani (Sally) Aaron Douglas (Sampson), Xavier de Guzman (John-Michael). Virginia Madsen (Jefa), Estreno en la Argentina: 04 de noviembre de 2020, presentado por Netflix. Género: Comedia. Duración: 95 minutos, ATP.  Disponible en plataforma Netflix.

 

 

 

Parecía que en épocas de las tradicionales comedias románticas navideñas, que se estrenan anualmente alrededor de noviembre, Netflix no podía aparecer con nada peor que “Amor de calendario”, pero no hay que subestimar la incapacidad para elegir proyectos porque parece que hay plata de sobra para (mal)gastar. ¿Cómo hicieron para lograr esta hazaña? Contratando a Brian Sawyer y Gregg Rossen, una de las peores duplas de escritores del momento y que parecen no haber aprendido de horrores como “Conexión navideña” (2017), “Navidad en Graceland” (2018) o “Navidad en Roma” (2018), todas realizadas en los últimos tres años y que, como se puede adivinar, giran alrededor de la misma festividad del año que la de este estreno. Habría que preguntarle a cierto colega y ex amigo si hay alguna patología que encuadre este comportamiento crónico de delincuencia dramatúrgica.

Ya la sinopsis arranca mal en el orden del verosímil, pero los primeros diez minutos lo rubrican. Es sabido, más allá del penoso e impune papel político y militar del ejército norteamericano desde la guerra de Corea en adelante, que algunas bases aéreas despliegan sus fuerzas en algunas misiones humanitarias en el radio geográfico en el que se ubican. Es una tradición que lleva décadas y va desde repartir comida a insumos varios y medicamentos. No obstante los guionistas intentan instalar que una senadora estadounidense quiere cerrar una de estas bases ubicada en Guam para ganar notoriedad en el movimiento de su partido, yendo en contra de toda lógica de conveniencia política pues apoyar este tipo de iniciativas indicaría mejor vínculo con el electorado.

Allá va entonces Erica (Kat Graham), en víspera de navidad enviada por su jefa (Virginia Madsen), para elaborar un informe que ayude a desfinanciar la base aérea. Al enterarse de esto el jefe del destacamento le encarga al Capitán Andrew Jantz (Alexander Ludwig) que reciba a la emisaria para mostrarle cómo funciona la cosa en la isla.

El espectador que ya haya registrado la sensación de estar viendo un refrito de pavadas similares empezará a prestar atención a otros exabruptos del guión, y también de la imagen, porque la dupla de guionistas encuentra en Martin Wood  a un secuaz ideal para este asalto a la inteligencia. No habrán de pasar muchos minutos, ¿eh?, no vaya a creer, ocho para ser exactos.

La escena es en una playa a la cual acude Erica recién llegada, y sin protocolo alguno, para encontrarse con el Capitán que acaba de salir del agua con una tabla de surf en la mano, pese a que la ola más alta que se ve en un gran marco de fondo no le llega ni a los tobillos. También nos enteramos de tres cosas en esa escena: La primera, y más dolorosa, es que no hay química entre los protagonistas, fundamentalmente porque Kat Graham y Alexander Ludwig son pésimos actores. No solamente porque su egoísmo basado en la belleza física les impide conectarse con sus personajes, sino porque tampoco lo hacen entre ellos (convengamos que los diálogos tampoco ayudan mucho). La segunda información de la que nos enteramos es que si uno se mete al mar a hacer surf en Guam el agua no moja la espalda. Y la tercera es que ella dice haber viajado 36 horas para llegar hasta ahí, en lugar de las 22 horas que dura el viaje más directo en clase turista. En los créditos no figura si la actriz hizo escala en alguna escuela de actuación frente a cámara para aprender a dirigir la mirada. Hay una sola industria en donde se actúa igual que en ésta producción y es la pornográfica. Actores y actrices de esos guiones se devuelven las líneas de diálogo sin transitarlos, sólo esperando el pie para pasar a la acción siguiente. El registro de ambos apenas si está un par de escalones por encima de eso.

Así será todo en “Operación feliz navidad” Si sobrevive a la escena en la cual él la acompaña a ella a instalarse en su temporaria morada sin que le de una embolia cerebral, dese el título de valiente. Nadie de la producción se molesta en verificar procesos o códigos de comportamiento en una base militar así que si usted se encuentra con el Capitán tocando el ukelele y cantando un villancico navideño, no se extrañe. Es sólo una muestra de la innumerable cantidad de escenas que provocan antipatía.

La progresión es lineal, aburrida, sin matices, y para peor, predecible. Obviamente que Erica se va a conectar con la gente de la isla, aprenderá y descubrirá su costado humano, y de paso tal vez se enamore y todo. Cada quien aprende su lección aquí, aunque eso suponga un total desconocimiento de la historia de ese lugar y de paso, ya que el mismo ex amigo lo señalaba, el discurso del texto cinematográfico es, como mínimo, nefasto, y la ideología que pregona es peor aún.

La realización integral pertenece más al lenguaje televisivo que éste trío suele manejar. En especial en locaciones interiores en las cuales, excepto un plano picado de una especie de iguana digital mal diseñada, no hay una sola toma que suponga composición ni sensibilidad alguna.

Éste estreno está cómodamente instalado en el tercer lugar del podio de lo peor que nos tocó ver en el año. Justo detrás de la pandemia y de la situación económica.

 

 

Calificación: Mala (Guillo Teg)

 

 

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"El rincón del cinéfilo", fundado el 2 de junio de 2007 por Leonardo Colaneri, Jorge Grez L., Andrés N. Martín y Andrés B. Pohrebny, es una producción del Primer taller para el espectador cinematográfico (I.G. No 000617).

 

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