Buenos Aires, 19 de diciembre de 2018

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"Stefan Sweig: Adios a Europa"

 

 

 

Atrapado entre dos mundos, y en el espacio invisible de la palabra

 

 

Titulo: “Stefan Zweig: Adios a Europa”. Titulo original: “Stefan Zweig; Farrrewell to Europa”, Austria, Alemania, Francia 2016, hablada en alemán, inglés, portugués, francés, español, con subtítulos en español, y copìas dobladas al español. Realización: María Schrader. Guión: M. Schrader, Jan Schon9iburg. Producción:  Stefan Arndt, Danny Krausz, Uwe Schott. Fotografía: Wolfgang Thaler. Música: Cornelius Renz, Tobias Wagner. Diseño de producción: Silke Fischer, Casting: Youna De Peretti, Lisa Olah, Karen Wendland. Dirección de arte y escenografía  Susanne Abel. Diseño de vestuario: Jüuergen Doering. Supervisión de edición  de sonido: Sabrina Naumann, Kai Tebbel Supervisión de efectos especiales: Björn Friese. Compaginación:  Hansjörg Weißbrich. Intérpretes:  Barbara Sukowa (Friderike Zweig), Tómas Lemarquis (Lefèvre), Nahuel Pérez Biscayart (Vitor D'Almeida), Charly Hübner (Emil Ludwig), Matthias Brandt (Ernst Feder), Aenne Schwarz (Lotte Zweig), Ivan Shvedoff (Halpern Leivick), Josef Hader (Stefan Zweig), Harvey Friedman (Friedman), Cristina do Rego (Alzira Soares). Estreno en la Argentina::12 de julio de 2018, presentado por Mirada Distributioon. Genero: Drama. Duración: 106 minutos, S/M.13 años.

 

 

 

Stefan Zweig  (1881-1942)  fue uno de los intelectuales más importantes del siglo XX, y el más leído y traducido en Europa entre la primera  la segunda guerra mundial. Su celebridad  fue inmensa debido entre otras cosas a la adaptación al cine de sus novelas, filmadas por directores como Fritz Kaufmann: “La casa junto al mar”, en 1924; Konstantint Mardschanov: “Amok”  en 1927, y Robert Siodmak: “Ardiente secreto” en 1938. Tan sólo el relato “Carta de una desconocida” mereció ser trasladado a la pantalla por cineastas como Max Ophüls (1948)  protagonizada por  Louis Jourdan y Joan Fontaine, en China también la filmó Jinglei Xu (2004), en México Tulio Demichelli realizó la  adaptación mexicana que llamó: “Feliz año, amor mío” (1955)  con Arturo de Córdoba y Marga López. En 1975 se estrenó la ópera "Carta de una desconocida," compuesta por Antonio Spadavecchia, y situada en Rusia, que en 2001 Jacques Deray la adapta para la televisión francesa.

Zweig fue, incluso, uno de los primeros escritores beneficiados con el surgimiento de la televisión, y desde 1937 daba conferencias televisadas ante la BBC de Gran Bretaña en las que promovía el movimiento pacifista internacional.

Escapando del avance de los nazis, que creía que eran como una plaga  que extendería su horror por todo el planeta, emigró en reiteradas oportunidades a varios países visitando en distintas ocasiones  América del Sur, pues consideraba el continente como “La tierra prometida”, a la vez que admiraba la Argentina  y se instalaba en Brasil, donde encontró la muerte.

En “El mundo de ayer” sostiene en su prefacio “He sido homenajeado y marginado, libre y privado de libertad, rico y pobre. Por mi vida han galopado todos los corceles amarillos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración. Todo lo que olvida el hombre de su propia vida, en realidad ya mucho antes había estado condenado al olvido por un instinto interior. Sólo aquello que yo quiero conservar tiene derecho a ser conservado para los demás. Así que hablen  recuerdos, elijan ustedes en lugar de mí y den al menos un reflejo de mi vida antes de que me sumerja en la oscuridad”. (…) “¡Olvida! me decía a mí mismo. Huye, refúgiate en la espesura más íntima de tu ser, en tu trabajo, ahí donde sólo eres tú,  "yo" anhelante, no un ciudadano, no el objeto de ese juego infernal, ahí, el único lugar donde la poca razón que te queda todavía puede actuar con sensatez en un mundo que ha enloquecido".

Todo en sus escritos presagiaba un triste final, ya sea por una muerte elegida o sea por la mano de otros. En tiempos de guerra todo podía suceder y el brazo largo del nazismo podía llegar a cualquier lugar. A su última morada en el cementerio de Petrópolis, en Brasil, lo acompañó una procesión de más de cuatro mil personas, quienes lo despidieron cubriendo su ataúd con un torrente de flores.

La directora alemana María Schrader en su filme “Stefan Zweig: adiós a Europa”  se ha atrevido a incursionar sobre un personaje de múltiples facetas, que vivió en la frontera entre un mundo estructurado por los siglos y otro caótico por su joven e incipiente libertad. Entre la belleza milenaria de Europa y la exótica de América.

María Schrader y su coguionista Jan Schomburg no pretendieron  hacer un “biotic” que refleje y exalte la personalidad de Stefan Zweig, sino más bien tomaron distintos momentos de la vida del escritor judío-austríaco en instancias  en que  Hitler ascendía al poder, y él  abrazaba ideales pacíficos. Y a  medida que avanzaba el nazismo se afianzaba más en sí mismo manteniendo su total desacuerdo  con aquella la realidad. Si bien el mundo se benefició de su presencia, sus escritos y mirada pacifista, su vida personal fue una constante lucha por encontrar su lugar en un mundo cuyo suelo le ofreciera seguridad  y no  una ciénaga.

“Stefan Zweig: adiós a Europa”  es un filme que también está relacionado con el tiempo. Se divide en capítulos y tiene lugar a lo largo de seis años, comenzando en 1936.  La delineación entre episodios sugiere una colección de monografías,  teniendo en cuenta que su talento se encuentra expresado en sus tratados históricos. En estos, Zweig dibuja retratos de las principales figuras de la civilización occidental, pero también encuentra paralelos entre ellos y su actualidad.

En la  escena de apertura, una velada celebrando la llegada de Zweig a Brasil, tiene lugar en un gran comedor con muebles completamente blancos compensados por el vivo arreglo floral en el centro; la cámara se mantiene durante la panorámica  extendida, pero Schrader y el director de fotografía Wolfgang Thaler, mantienen los ojos  del espectador en movimiento. Ese contraste de color se repite a lo largo de la película, dando paso a su entorno nuevo y audaz que rodeará a Zweig, en el nuevo mundo.

Ese nuevo mundo que se muestra en una escena  divertida y a la vez conmovedora cuando  él y su esposa  van camino a Arrecife para tomar el avión que lo llevará a New York, pero deben hacer una parada para ir a una celebración en su honor realizada por  el alcalde de una localidad amazónica. Éste organiza una velada colmada de traspiés y situaciones cómicas. Durante sus comentarios, el alcalde espera que los Zweig regresen pronto a casa, repitiendo un proverbio brasileño: "El que no tiene país no tendrá futuro". El estoicismo reservado de Zweig muestra su primer crack, el autor casi se desmaya ante una banda  municipal de música que toca muy  mal "El Danubio Azul", ya que  ésta melodía en vez de alegrarlo le trae el  recuerdo de una Europa a la que no podrá volver y de un pasado inexistente.

"Tus trabajos llegaron aquí mucho antes que tú", le dice otro representante brasileño al autor, y es verdad: Zweig amasó una reputación internacional que le proporcionaba  ser  bien recibido en  cualquier país que fuera,  cuando ya no le permitían publicar en su patria. Zweig ve en Brasil una respuesta a lo que él considera la pregunta más apremiante que existe: cómo convivir a pesar de nuestras muchas diferencias.

Ese espacio conquistado en las exuberantes tierras americanas le da al escritor un mínimo de paz y, sin embargo, no puede evitar preocuparse por lo que sucede en Europa. Aunque evita condenar explícitamente los recientes acontecimientos en Alemania, porque argumenta que al hacerlo desde el otro lado del mundo, donde no está ni actualizado ni directamente afectado por él, sería perverso.

La dirección de Schrader es ágil, pero a la vez respetuosa, como si considerara proporcionar los honores para Zweig y amablemente salir del centro de atención. (Tal vez no sorprende ya que es una actriz convertida en cineasta). Pequeños hallazgos ambientales dan el tono intimista que sostiene el filme: una breve escena ubica al espectador junto con Zweig  mirando a través de una ventana una  calle invernal de New York; no ocurre gran cosa, pero hay una emoción tranquila por el efecto de ver a la gente pasear o correr hacia alguna parte desde el otro lado del cristal. La pasividad del exterior  contrasta con la irritabilidad de los personajes en el interior, ya que Zweig mantiene una acalorada discusión con su exesposa, por su reticensia ante el pedido de familiares y amigos para que les facilite la salida de Alemania.

Ese efecto a lo Brecht,  está presente a lo largo del filme “Stefan Zweig: adiós a Europa”, y le da un carácter de  intimidad majestuosa. Schrader observa con agudeza el intelecto de su sujeto, pero habrá que leer entre líneas para obtener una idea de su mundo emocional. Sin embargo, este es un raro ejemplo de una película biográfica que da la sensación de una vida  que es vivida por un actor que obliga al espectador a creer que realmente él es Zweig

Josef Hader enfrenta  dos desafíos, honrar a un autor singular y señalar su conflicto interno de una manera que no parezca forzada. En esa tarea  tiene éxito al mostrar a Zweig como un hombre que se desploma  bajo el peso de las circunstancias. Aenne  Schwarz y Barbara Sukowa actúan como la segunda y primera esposa del autor, respectivamente, consiguiendo cada una en su estilo, secundarlo con excelentes momentos privados, que les permite destacar su propia personalidad.

María Schrader muestra una garantía técnica de gran solvencia. Su negativa a cortar una serie de planos o editar en la cámara le permite a la película una verosimilitud  y una hondura psicológica crucial. En ella se muestra el desasosiego y la perplejidad, la desesperanza y un deseo de vivir de Zweig que contrasta con su forma de morir. El espectador no puede evitar seguir a Zweig a través del encuadre mientras otra realidad se desarrolla a su alrededor. Esta es una película  sin concesiones con Zweig, pero a la vez garantiza la empatía del espectador con el personaje.

Stefan Zweig será recordado por la humanidad como uno de los grandes creadores austriacos que contribuyeron, como muy pocos, a impulsar un espíritu civilizador y  europeísta, opuesto a la barbarie y horror de los totalitarismos. Stefan Zweig fue un hombre que vivió, parafraseando  a Gastón Bachelard: en una soledad limitada, que hace de cada vida, una comunión con el universo,  en una palabra, en el espacio invisible que el hombre puede, sin embargo, habitar, y al que rodean innumerables presencias. 

 

 

Calificación: Muy buena (Beatriz Iacoviello)

 

 

STAFF

Director: Andrés B. Pohrebny – Secretario de redacción: Andrés N. Martín

Redactores: Elena Castelli, Romina Gretter, Jorge Grez L., Carlos Herrera, Lic Héctor Hochman, Beatriz Iacoviello, Ricardo Silva. Asesor Legal: Luis Kramer.

 

"El rincón del cinéfilo", fundado el 2 de junio de 2007 por Leonardo Colaneri, Jorge Grez L., Andrés N. Martín y Andrés B. Pohrebny, es una producción del Primer taller para el espectador cinematográfico (I.G. No 000617).

 

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